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Mi Perfil
Rolando Martiñá
Buenos Aires - Argentina

Soy un argentino de 68 años, que siempre vivió acá (eso abrevia muchos detalles..!).Psicólogo, educador,ensayista, conferencista y, a la vejez viruelas, escritor de ficción. Tengo dos hij@s y cuatro niet@s. Tengo publicados varios libros, los últimos: "Escuela y Familia: una alianza necesaria", Troquel 2003; "Cuidar y educar", Bonum, 2006 y "La comunicación con los padres", Troquel, 2007. El 1º de julio pasado, fue presentado mi primer libro de relatos, inspirados en 30 años de experiencia psicoterapéutica, "La paciente impaciente", ed. DelNuevoExtremo.Sigo interesado por mi realidad y la que vivirán mis descendientes. Cordiales saludos y bienvenidos. Rolando Martiñá
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Últimos comentarios de este Blog

08/12/10 | 15:18: rolando dice:
Por saupuesto, mi mayor ilusión es publicar un libro Cualquier dato o sugerencia en esa dirección, bienvenido. Gracias una vez más.R.M
20/10/10 | 18:19: Malena(mails que jamás serán leídos ) dice:
Rolando ¡maestro!Se desprende tanto de tu micro ,se lee tanto entre líneas ,es tan real ...también es verdad que a veces ,demasiado seguido, se animan a matarla .Como también sucede que siguen y siguen produciendose otras muertes simbólicas ,pero muertes al fín ... Excelente !! Cariños MALE.-
16/09/10 | 01:07: stella Maris (detrasdelespejo) dice:
Rolando, me gusto tu micro, parece una charla de mis tías, cuando adolescente pasaba el verano con ellas, es mas, mi madrina se llama Ester (sin hache), cose a máquina o cosía ya esta viejita, y por mantener la casa se debe haber perdido su realización propia, te mando un beso
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Es un espacio para conversar... Y quienes gusten leer "La paciente impaciente" y sobre todo el cuento que da título al libro ( y al blog) podrán entender mejor lo que digo...
Quizás esté de más decirlo, pero anhelo que sea un lugar de respeto mutuo, concidencias felices y discrepancias civilizadas.


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"La paciente impaciente", en Mexico City...



Acá va el cuento que leí en la presentación del libro, ante un àvido público mexicano, el 14/1 en Cafebrerìa El Pendulo, de Polanco.

ENTRENAMIENTO

 

 

La siesta es terrible en Villa Blanca. Es diciembre y un sol vertical y despiadado parece dispuesto a fulminar a cuanto ser viviente se atreva a desafiarlo (y Coquito había escuchado contar en su casa que más de uno había caído para no levantarse más en una tarde de verano como ésa).

Sin embargo, ahora avanza por la vereda de la mano de su madre, que lo aferra con firmeza empujándolo imperceptiblemente hacia la mezquina cinta de sombra que se puede alcanzar apenas del lado de la pared.

Lo peor fue bordear las vías del ferrocarril, porque obviamente ahí no había pared. Pero no había otra forma de llegar al paso a nivel y cruzar al otro lado del pueblo, donde estaba la casa a la que debían llegar "indefectiblemente" antes de las cuatro de la tarde. Así había dicho doña Elisa, la madre de Coquito: "indefectiblemente". Era una palabra que usaba a menudo y para Coquito, (que en verdad no entendía bien qué significaba) era una especie de contraseña, o más bien de emblema familiar. Su madre era "indefectible", su familia era "indefectible", y todo parecía ocurrir "indefectiblemente".

En verdad, doña Elisa era para Coquito una especie de monumento. A veces tenía la sensación de que ocupaba toda la casa. De que no había rincón donde no estuviera ni resquicio por donde no se filtrara su voz . Sin embargo, de algún modo disfrutaba de estos paseos tomado de su mano. Sentía que así, él seguramente no caería abatido como aquellos de quienes solía comentarse justamente en los lugares como al que ahora se dirigían. Donde, además, dada su inclinación a apoyarse en su madre para casi todo, escuchaba decir a menudo que "la quería mucho".

En realidad esos paseos se habían iniciado poco tiempo atrás, reemplazando a las hasta ahí "indefectibles" siestas que le obligaban a dormir después del almuerzo. El recuerda bastante bien las circunstancias: tras varios días de revuelo familiar, visitas de médico, de parientes y de vecinas, Coquito, bastante distraído en general, había terminado por darse cuenta de que algo raro pasaba con su padre, cuyo nombre, que rara vez era pronunciado en la casa, pasó a ocupar un lugar central en las murmuraciones.

Don Pedro, el padre de Coquito, también era, como corresponde, una persona "indefectible": indefectiblemente se iba antes de que Coquito despertara; indefectiblemente, llegaba a las 12.30 a almorzar; indefectiblemente lo hacía casi en silencio; indefectiblemente dormía un rato la siesta e indefectiblemente volvía a su trabajo hasta la hora de la cena. Alguna que otra vez iban todos al cine (Coquito tiene dos hermanas mayores), aunque era bastante difícil conciliar los gustos y en ocasiones se llegó (en general por una indefectible intervención de la madre), a la simple cancelación del programa. A veces, muy a las perdidas, don Pedro llevaba a su hijo a un potrero de las afueras y le ayudaba a remontar un barrilete de fabricación casera, lo que prácticamente resultaba ser su única tarea común. Como todo lo que escasea, el chico deseaba y valoraba mucho esas escapadas y guarda muy especialmente en su memoria las ocasionales sonrisas con que su padre solía acompañar el éxito del operativo, disfrutando ambos de los libres juegos de su juguete al viento.

Coquito era un chico solitario. Por las tardes, solía pasar horas despierto, contrariando en secreto los deseos de su madre (que en verdad era la única manera en que  podía contrariarlos). Se echaba boca arriba en la cama y comenzaba a delinear con el índice de su mano derecha los contornos de la lámpara, de las cortinas, de las manchas de humedad. Luego,  ya seguro de haber confirmado sus formas, se divertía inventándoles otras. Entonces la lámpara se convertía en un artefacto barroco y espléndido, las cortinas en banderas al viento y las manchas en árboles, aviones, nubes, perfiles, mapas...

A veces, como tantos chicos, trataba de imaginar cómo sería ser grande, pero no podía: siempre se veía chico. No podía creer que fuera a tener brazos y piernas más largos o más robustos; que fuera a ser mucho más alto; que pudiera llegar a hablar con los grandes de igual a igual. Por más que forzaba su imaginación, nada ocurría: se veía siempre un niño entre adultos. Aislado, temeroso, obediente. Siempre de la mano de alguien, afrontando todas las cosas siempre por primera vez.

    Justamente, eso de que "iba a ser la primera vez" se lo había escuchado decir tiempo atrás a su madre, coincidente con el momento en que comenzaron a espaciarse cada vez más las salidas con su padre, hasta que dejaron de existir. Y, en cambio, comenzaron esas salidas con su madre a la hora de la siesta y en pleno verano.

Coquito no era de quejarse, pero recuerda que empezó a sentir un leve malestar, que luego llegaría a calificar como una especie de premonición. Vivía sus días más rutinariamente que de costumbre y , por momentos, se sentía metido en una especie de cápsula de vidrio, como esas que en la fiambrería del pueblo se usaban para cubrir los quesos. No entendía bien qué pasaba, pero presentía que algo andaba mal. Aunque, fiel a su estilo, intentaba de todos modos, sacarle algún provecho a las salidas del verano.

Vacaciones, lo que se dice vacaciones, ellos nunca habían tenido. Simplemente, Coquito y sus hermanas dejaban de ir a la escuela por un tiempo y estaban más con los vecinos y amigos, especialmente las chicas, que según una de sus tías, no paraban de "cotorrear". Nunca habían salido del pueblo, no conocían la montaña ni el mar y solían escuchar embobados los relatos de los que alguna vez habían viajado a la gran ciudad.

Así que, sea como fuere, esos nuevos paseos le proporcionaban alguna variedad a sus días. Además, lo admiraban las vecinas, lo envidiaban las hermanas y lo mostraba orgullosamente su madre. "Era como tener un haren..." diría jocosamente el muchacho tiempo después.

 

Ustedes se preguntarán, estimados colegas del Seminario de Entrenamiento Profesional, qué tiene este caso de tan interesante  para presentarlo aquí. Y es lógico. Pero una de las cosas lindas de esta profesión es que lo lógico no necesariamente coincide con lo psicológico. Y que uno debe esperar precisamente lo inesperado. Que uno puede incursionar por los territorios de la fantasía sin perderse; que puede combinar en dosis bastante equilibradas el placer estético y la sensación de sentirse bueno; que puede perder el control cuando está convencido de que ya lo tiene y que puede recuperarlo cuando cree que ya lo perdió. En fin, queridos amigos, que este trabajo... Pero bueno, sigamos, porque esto es un Seminario del "Departamento de Producción" y no del de "Publicidad"...(risas)...

 Lo que debo decirles, es que el llamado Coquito tiene ahora treinta años y es mi paciente desde hace dos. A raíz de la muerte de su madre, hace un mes, me contó por primera vez lo que acabo de narrarles y recordó algo que había permanecido oculto mucho tiempo: doña Elisa, ante la "indefectible"enfermedad de su marido, había decidido que el golpe brusco de su muerte iba a ser demasiado para Coquito y empezó a llevarlo a cuanto velorio hubiera en el pueblo para que "estuviera  preparado". Pues bien: seguramente saturado, al único velorio familiar al que fue en los últimos veinte años mi paciente fue al de su madre. Y más que nada, según me dijo, por acompañar a su padre, que acaba de cumplir los ochenta ...  

 

 

 


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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
16/07/10 | 20:58: ALICIA (Alvit Oillart) dice:
Si es real está muy bien contado y si no es muy creativo. Aunue si lo leyera mi coordinador de taller literario ya le habria sacado las palabras terminadas en mente los gerundios y no me fije si habia algunas cacofonias pero creo que no. Las repeticiones, etc etc. Lo que el lector ni se da cuenta y aunque no apliques ciertas reglas gramaticales, y para mí esta excelente. SUERTE ALICIA (Alvit Oillart)
alvitoillart@yahoo.com.ar
 
18/01/10 | 22:37: Alkejandro dice:
Muy interesante. Bien escrito y responde a lo anticipado en la presentaciòn. Por lo demàs, al placer de escribir se le debe responder con el placer de leer. Por eso, para no quedar en deuda, te invito a leer "Los ojos detràs de los ojos" lo hallaras en mi blog: Existen los diferentes; o en la cartelera que figura en la portada. Mi mejores auspicios...
bitacora52@hotmail.com
 
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